Es su olor el que me ciega cada noche. El tacto de sus manos el que me da vida. Es la mirada de aquel día en el que, por primera vez, nos conocimos, después de tantos encuentros pasados. Son sus labios los que me ponen la piel de gallina, y su voz la que me incita a su recuerdo.
¿Se puede estar enamorada de algo que no existe?
Las esperanzas, no en vano, nunca se pierden.
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